La integración de las personas con discapacidad: La revolución pendiente.
El Siglo XX, con sus grandes convulsiones y revoluciones totalitarias, y el nuevo orden mundial surgido tras la segunda guerra mundial, trastocado con las descolonizaciones y el hundimiento del llamado Socialismo real, deja grandes avances, y retos pendientes que habrá que abordar.
Como herencia positiva, sobre todo en el primer mundo, destacaremos: - La revolución científica y tecnológica que ha significado, una mayor esperanza y calidad de vida para las personas, y la irrupción en nuestras vidas de Internet como instrumento globalizador, de comunicación masivo, y de intercambio de información. - El Estado del Bienestar, y su progresiva universalización tras la segunda guerra mundial. Ha significado el reconocimiento por parte de los Estados de una serie de derechos asistenciales, económicos, sociales, e incluso políticos, como inherentes a todo ser humano, y que todo Estado debe garantizar. Su alcance es diferente en cada país, pero su papel de reequilibrio de las desigualdades del capitalismo, y de mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos es indudable. La Declaración Universal de Derechos Humanos, es el principal exponente de esta nueva concepción jurídica y social. - La liberación de la mujer, y su progresiva incorporación a la vida pública, y al mercado de trabajo en igualdad con el hombre, con lo que ello ha significado de cambios en la estructura familiar, en la mentalidad social, y en el papel asistencial del Estado en lo que se refiere entre otras cosas, a la infancia y a las personas dependientes (discapacitados, y ancianos).
Pero este siglo pasado, deja planteados algunos retos o interrogantes graves: La globalización, y sus consecuencias económicas y sociales, con el tema añadido de los flujos migratorios y la interculturalidad. El deterioro del medio ambiente, y la necesidad de un nuevo paradigma de desarrollo, o de modo de vida que supere el capitalismo consumista, lo haga sostenible y asegure el futuro humano. La corrección de las enormes desigualdades entre los diversos pueblos del planeta.
Qué papel le toca a la discapacidad en este mundo de cambios.?
La integración social de las personas con discapacidad, y su consideración jurídica como ciudadanos con plenitud de derechos y obligaciones, es una de las revoluciones pendientes y en marcha de este siglo, y su logro, provocará hondos y beneficiosos cambios sociales y jurídicos.
Está produciéndose lenta, pero inexorablemente, el abandono del histórico modelo asistencial de atención a las mal llamadas personas con minusvalía, donde la discapacidad era considerada una enfermedad invalidante, y la persona con discapacidad, un sujeto invisible socialmente, objeto de especial cuidado y protección jurídica en el seno familiar, con limitada o nula capacidad de obrar, y sin participación en el curso de su propio destino como persona y en la defensa de sus intereses, derechos y necesidades. Muchos son los factores que propician este cambio. Por un lado, la familia tradicional, institución social encargada de darles asistencia, cobijo y alimentos, así como de velar mediante la figura jurídica de la tutela por sus intereses patrimoniales, está en crisis, y no puede asumir sola ese papel. Por otro, los avances tecnológicos, permiten a estas personas, formarse, acceder a la información, a la vida laboral, a cuotas de autonomía personal impensables hace unos años, y aspirar a formar parte activa del tejido social.
Las personas con discapacidad, ya no son sujetos pasivos, incapaces de obrar jurídicamente, y que reciben en silencio la protección paternalista de la familia, o del Estado. Son sujetos activos. Ciudadanos libres que exigen su hueco en la sociedad. Que aportan a la sociedad, y no sólo reciben de ella. Ello, obliga a los poderes públicos, a rediseñar la política y la regulación que se ocupa de estas personas, sustituyendo paulatinamente la asistencia, por la integración. La accesibilidad, el diseño universal, la discriminación positiva en algunos casos como la integración laboral, son ideas fuerza, que van poco a poco haciéndose presentes y desbancando el viejo paradigma. En ese sentido, la nueva concepción del discapacitado como sujeto activo de derechos y obligaciones, con capacidad para decidir por sí sus necesidades, las medidas de asistencia que precisa, y de gobernar su vida y su patrimonio; y el nuevo papel del Estado como garante e impulsor de su integración, viene recogida en la Convención de Derechos de las personas con discapacidad de 2006, ratificada por España, y cuya aplicación, debe suponer un avance significativo. La llamada ley de Dependencia, y la Ley 51/2003, con sus normas de desarrollo, son los principales exponentes de este nuevo camino que, recién acaba de comenzar en Derecho Español. Pero falta mucho por recorrer: La supresión de las barreras arquitectónicas, de comunicación, y sobretodo mentales de la sociedad. La eliminación de prohibiciones y limitaciones a la capacidad de obrar de las personas con discapacidad, como por ejemplo la prohibición que sufren las personas con discapacidad sensorial de ser testigos, o de otorgar testamentos o documentos públicos sin la asistencia de testigos instrumentales. La profundización del nuevo modelo de atención a la dependencia, sobre todo en el respeto a la autoría de la persona con discapacidad para decidir sobre su destino y necesidades, y para recibir las condiciones más favorables para participar con autonomía en la vida social. La verdadera apuesta por la integración laboral, cultural, y de todo tipo, que es el verdadero instrumento para cambiar la mentalidad social.
Grandes retos pendientes, que generarán una auténtica revolución social, y cuyo proceso de transformación ya está en marcha.
Por José Angel Carrey.
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